Pocas preguntas de salud infantil se han estudiado tanto como esta, y pocas siguen causando tanta preocupación: ¿puede la vacuna triple vírica (sarampión, rubéola y paperas, llamada MMR en inglés y SRP en varios países) causar autismo? Si eres madre o padre y te lo has preguntado, no eres el único. En julio de 2026, un estudio con más de 2,5 millones de niños estadounidenses, publicado en The Pediatric Infectious Disease Journal y difundido en octubre por PsyPost, aportó una de las respuestas más amplias hasta la fecha. Esto es lo que hizo, lo que encontró y lo que no puede decirnos.
Qué hizo el estudio
Todd Burstain, médico de UW Medicine en Seattle, y dos coautores utilizaron Cosmos, una base de datos de investigación construida a partir de historias clínicas electrónicas Epic de hospitales y consultas de Estados Unidos. Incluyeron a 2.560.035 niños con al menos una revisión de atención primaria entre los 12 y los 24 meses. Cada niño fue seguido hasta los 8 años o hasta el final de los datos. Al cumplir dos años, el 91,4 % había recibido una primera dosis de triple vírica.
Comparar niños vacunados y no vacunados parece sencillo, pero esconde una trampa llamada sesgo de tiempo inmortal: según cómo y cuándo se reparte a los niños entre los grupos, la comparación puede distorsionarse sin que se note. Para evitarlo, el equipo usó un análisis por hitos (landmark analysis): en cada ventana de edad del segundo año de vida, se comparó a los niños vacunados durante esa ventana con niños de la misma edad todavía sin vacunar, contando solo los diagnósticos de autismo posteriores.
Los investigadores también ajustaron por factores elegidos de antemano con un diagrama causal (como la edad de la madre, la edad gestacional, complicaciones del embarazo, la desventaja socioeconómica del barrio y la región) y usaron un control negativo: el mismo análisis para el refuerzo de la vacuna antineumocócica, que se pone hacia los 12 a 15 meses y para la que no se ha propuesto ninguna relación con el autismo. Si el método estuviera sesgado, probablemente también se vería ahí.
Qué encontraron
- Resultado principal: los niños que recibieron su primera dosis de triple vírica entre los 11,5 y los 24 meses no tenían más probabilidad de ser diagnosticados de autismo. El cociente de riesgos ajustado fue de 0,97 (intervalo de confianza del 99 %: 0,91 a 1,03), es decir, ninguna diferencia medible.
- ¿Qué riesgo podría haber pasado por alto? El extremo superior de ese intervalo descarta un aumento del riesgo de más de un 3 % aproximadamente.
- Control negativo: el refuerzo antineumocócico tampoco mostró nada (cociente de riesgos 1,01, IC del 99 %: 0,99 a 1,04), señal de que el método no estaba creando señales falsas.
- Coherencia: los resultados se mantuvieron cerca de la ausencia de diferencia en las ventanas de edad y los análisis de sensibilidad. Dos ventanas más tardías mostraron algo menos de diagnósticos en los niños vacunados (0,90 y 0,92), lo que los autores atribuyen a un sesgo residual, no a una protección.
Lo que el estudio no puede decir
Una buena investigación expone sus límites, y este trabajo lo hace:
- Es observacional. No asigna las vacunas al azar. Burstain explicó a PsyPost que «la causalidad solo puede afirmarse con ensayos prospectivos aleatorizados». Un ensayo que dejara deliberadamente a niños pequeños sin protección frente al sarampión no sería ético, y por eso las grandes cohortes bien diseñadas como esta son la herramienta más sólida disponible.
- Sin antecedentes familiares de autismo. Las historias no los incluían, una laguna real dado lo familiar que es el autismo, aunque los autores señalan que haría parecer la vacuna más bien protectora que perjudicial.
- Seguimiento desigual. Los niños vacunados fueron seguidos durante más tiempo (mediana de 853 frente a 366 días), con más margen para que se registre un diagnóstico, y aun así no apareció ningún aumento.
- Una definición más estrecha. Solo se estudió el código de «autismo infantil», no todo el espectro: el 2,55 % de los niños, por debajo de la última estimación de los CDC para Estados Unidos, alrededor de 1 de cada 31 niños de 8 años.
No es el primer estudio que lo analiza
Este resultado se suma a una larga línea de investigación. En 2019, un estudio danés publicado en Annals of Internal Medicine siguió a 657.461 niños y no encontró un mayor riesgo de autismo tras la triple vírica (cociente de riesgos 0,93), tampoco en los niños con un hermano autista, que tienen un riesgo más alto. Un estudio estadounidense de 2015 publicado en JAMA, con 95.727 niños con hermanos mayores, llegó a la misma conclusión, tanto si el hermano mayor era autista como si no.
El temor nació de un artículo publicado en 1998 en The Lancet que describía solo a 12 niños. En 2010 la revista lo retractó, después de que el General Medical Council británico (el organismo que regula la profesión médica en el Reino Unido) constatara graves faltas éticas y de que los editores concluyeran que afirmaciones clave del artículo eran falsas.
Por qué la pregunta vuelve una y otra vez
Si la evidencia es tan coherente, ¿por qué persiste la preocupación? Hay dos razones que vale la pena entender, y ninguna tiene que ver con descuido de los padres.
El momento. La primera dosis de triple vírica suele ponerse al comienzo del segundo año de vida, justo la etapa en la que los primeros signos de autismo (menos palabras, menos atención compartida, un niño que parece retraerse) suelen hacerse visibles. Cuando dos cosas ocurren muy juntas, es profundamente humano relacionarlas. Precisamente por eso estudios como este comparan niños de la misma edad, vacunados o no.
Cifras en aumento. Los diagnósticos de autismo han crecido mucho en las últimas décadas. Un estudio genético danés de 2026 sugiere que se debe sobre todo a que los criterios diagnósticos se ampliaron y aumentó la concienciación, de modo que hoy se reconoce a personas con rasgos más leves. Lo explicamos en por qué aumentan los diagnósticos de TDAH y autismo.
Lo que sabemos sobre el origen del autismo
El autismo es una de las condiciones más heredables que estudia la psiquiatría. Un estudio de 2019 con unos 2 millones de personas de cinco países, publicado en JAMA Psychiatry, estimó que alrededor del 80 % de la variación en el riesgo de autismo se debe a factores genéticos heredados. Se han relacionado cientos de genes con el autismo, muchos de ellos implicados en el desarrollo del cerebro y en la comunicación entre neuronas (consulta nuestro artículo sobre los genes del autismo y las vías cerebrales). La evidencia describe el autismo como otra forma de desarrollarse, arraigada sobre todo en la genética y en el desarrollo temprano del cerebro, y no como algo que una vacuna active.
Qué significa para ti
Si eres madre o padre y tienes dudas sobre las vacunas, esas dudas merecen una conversación de verdad: habla sobre la vacunación con tu médico o con el pediatra de tu hijo. Si tienes un hijo autista, nada en esta investigación sugiere que una decisión sobre vacunas causara su autismo.
Y como el autismo es tan a menudo hereditario, muchos adultos reconocen sus propios rasgos cuando diagnostican a un hijo o a un familiar. Si te resulta familiar, nuestro test de autismo AQ-10, gratuito (10 preguntas, unos 3 minutos), es un primer paso rápido, y el test de autismo adulto (RAADS) (15 preguntas, unos 7 minutos) examina con más detalle los rasgos sociales, sensoriales y repetitivos en adultos. Un test de cribado no es un diagnóstico, pero puede ayudarte a poner palabras a lo que notas.
Fuente: Burstain TL, Jacques D, Burstain JM. Association Between First MMR Vaccination Before Age 2 Years and Childhood Autism in a U.S. EHR Cohort of 2.5 Million Children. The Pediatric Infectious Disease Journal, 2026 (publicado en línea el 28 de julio de 2026, antes de su versión impresa). DOI 10.1097/INF.0000000000005349. Cohorte retrospectiva de 2.560.035 niños estadounidenses (historias clínicas electrónicas Cosmos, 2015-2024), análisis por hitos de edad con una exposición de control negativo. Publicado por PsyPost el 4 de octubre de 2026. Contexto: Hviid A et al. Annals of Internal Medicine 170(8):513-520 (2019), DOI 10.7326/M18-2101 (cohorte nacional danesa, 657.461 niños). Jain A et al. JAMA 313(15):1534-1540 (2015), DOI 10.1001/jama.2015.3077 (95.727 niños estadounidenses con hermanos mayores). Bai D et al. JAMA Psychiatry 76(10):1035-1043 (2019), DOI 10.1001/jamapsychiatry.2019.1411 (cohorte de cinco países, 2.001.631 personas).
