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Pantallas y salud mental juvenil: lo que muestra un estudio con 21.000 gemelos

Un estudio del Karolinska Institutet con 21.797 gemelos suecos, publicado en Nature Human Behaviour, muestra que la relación entre el uso intensivo de pantallas y la depresión o la ansiedad se debilita mucho al comparar a los gemelos entre sí. Las pantallas no son inocuas, pero las cifras habituales quizá exageran su papel. Lo que muestra el estudio, y lo que no puede mostrar.

FindYourNeurotype Team 13 octubre 2026 7 min de lectura

¿Tanto tiempo frente a las pantallas daña la salud mental de los jóvenes? El 8 de octubre de 2026, investigadores del Karolinska Institutet, en Suecia, publicaron un estudio en Nature Human Behaviour. Al comparar a gemelos entre sí, comprobaron que buena parte de la relación entre el tiempo de pantalla y la depresión o la ansiedad parece deberse a factores que comparten las familias, más que a las pantallas por sí solas. La respuesta no es «las pantallas son inofensivas», ni tampoco «las pantallas son veneno».

¿Por qué gemelos?

La mayoría de los estudios comparan a jóvenes distintos: quienes usan mucho las pantallas frente a quienes las usan menos. Pero esos grupos también se diferencian en sus genes, su vida familiar, sus ingresos y sus fuentes de estrés. Algunos de esos factores pueden empujar a un joven a la vez hacia más pantallas y hacia un peor estado de ánimo, lo que crea una relación que las pantallas no han causado.

Los gemelos permiten sortear este problema. Crecen en la misma familia; los gemelos idénticos comparten prácticamente todos sus genes y los mellizos, de media, la mitad. Si uno de los gemelos usa las pantallas mucho más que el otro y además tiene más síntomas, esa diferencia no puede venir de lo que ambos comparten. Es lo que se llama un diseño de control con el cogemelo (explicamos cómo funcionan los estudios con gemelos en nuestro artículo sobre TDAH, genética y trauma).

Qué hicieron los investigadores

El equipo, con Tong Gong y Lu Yi como autores de correspondencia, utilizó la cohorte CATSS (Child and Adolescent Twin Study in Sweden): 21.797 gemelos nacidos en Suecia desde 1992, encuestados a los 9, 15, 18 y 24 años, con una recogida de datos que empezó en 2004. Los datos se vincularon con los registros nacionales, lo que permitió saber quién recibió después un diagnóstico de depresión o de trastorno de ansiedad, o una receta de antidepresivos.

El uso de pantallas se dividió en actividades interactivas (videojuegos, chats, navegar por internet) y pasivas (ver la televisión o vídeos).

Qué encontraron

  • En el grupo completo apareció la relación conocida. A los 15 y 18 años, más tiempo de pantalla iba unido a más síntomas depresivos y ansiosos. Quienes usaban pantallas más de seis horas al día puntuaban claramente más alto que quienes las usaban dos horas o menos, y la diferencia era mayor en las chicas.
  • El uso interactivo era el que más pesaba. Los jóvenes de 15 años con más de seis horas diarias de uso interactivo tenían entre dos y tres veces más probabilidades de recibir, antes de los 28 años, un diagnóstico de depresión o ansiedad, o una receta de antidepresivos. El uso pasivo no mostró una relación clara con estos resultados.
  • Dentro de cada pareja de gemelos, las relaciones se reducían. Al comparar gemelos idénticos, las asociaciones con los síntomas a los 15 años eran entre un 32 % y un 95 % menores y dejaban de ser estadísticamente significativas tras corregir por comparaciones múltiples. Para los diagnósticos posteriores, las estimaciones dentro de las parejas bajaban entre un 57 % y un 59 %.

«Es posible que, en algunos casos, la asociación se haya sobrestimado», declaró Tong Gong en el comunicado del Karolinska Institutet.

Tampoco «las pantallas son inofensivas»

Incluso dentro de las parejas de gemelos, la mayoría de las estimaciones seguían por encima de cero. El uso interactivo intensivo entre semana a los 15 años seguía correspondiendo a un riesgo un 65 % mayor de diagnóstico posterior tras tener en cuenta los factores familiares, aunque ya no era estadísticamente significativo. La conclusión de los autores: los factores familiares compartidos explican una parte importante de la relación, no se puede descartar un pequeño efecto directo y el uso recreativo intensivo de pantallas sigue siendo un asunto de salud pública.

Lo que un estudio con gemelos puede descartar, y lo que no

La comparación entre gemelos elimina lo que comparten: los genes (todos en los gemelos idénticos, la mitad en los mellizos), la crianza y el entorno familiar. No elimina lo que los diferencia, como los amigos, el acoso, el deporte o las vivencias en el colegio, y no resuelve del todo qué viene primero. Pocas parejas de gemelos difieren mucho en su uso de pantallas, y los errores en el tiempo de pantalla declarado tienden a acercar a cero las estimaciones dentro de las parejas, así que un efecto real modesto podría quedar oculto.

El momento también importa. La recogida de datos empezó antes de que los smartphones y las redes sociales ocuparan un lugar central en la vida de los jóvenes, y el uso se midió en grandes franjas de horas al día.

Efectos medios pequeños, dificultades individuales reales

En 2019, Amy Orben y Andrew Przybylski, de la Universidad de Oxford, analizaron tres grandes bases de datos con más de 355.000 adolescentes, también en Nature Human Behaviour. La asociación entre el uso de tecnología digital y el bienestar era negativa pero pequeña, y explicaba como máximo el 0,4 % de las diferencias de bienestar. En los mismos datos, comer patatas con regularidad mostraba una asociación parecida, y llevar gafas una más fuerte.

Pero una media pequeña no significa que las pantallas le sienten bien a todo el mundo. Las medias pueden ocultar a personas para quienes el uso se vuelve difícil de controlar: quedarse conectado más de lo previsto, perder horas de sueño, descuidar otras cosas o usar las pantallas sobre todo para huir de emociones difíciles (nuestro artículo sobre dopamina y búsqueda de recompensa explica por qué cuesta tanto dejar algunas actividades). Eso es justo lo que los investigadores del Karolinska quieren estudiar ahora: los contenidos, las motivaciones, el uso problemático y lo que el tiempo de pantalla sustituye. La coautora Emma Frans sostiene que un buen consejo debe fijarse en lo que los jóvenes hacen realmente en las pantallas, no solo en cuánto tiempo.

Qué significa para ti

  • Fíjate en el cómo, no solo en el cuánto. «¿Puedo parar cuando quiero?», «¿Me está quitando sueño?», «¿Lo uso para evitar lo que siento?» suelen decir más que las horas.
  • Sin culpas. Los «factores familiares compartidos» incluyen genes y circunstancias que nadie elige. El estudio no habla de una mala crianza: muestra que los hábitos de pantalla y el estado de ánimo dependen de muchas cosas a la vez.
  • Toma en serio los síntomas por sí mismos. Si tú, o un joven cercano, os sentís decaídos o ansiosos de forma persistente, eso merece atención sea cual sea el tiempo de pantalla; un médico o un profesional de la salud mental es la persona adecuada con quien hablarlo.

Para revisar tu propia relación con las pantallas, nuestro test de adicción a las pantallas, gratuito y basado en el Internet Addiction Test (20 preguntas, unos 10 minutos), se centra en el control, el sueño, el estado de ánimo y la vida diaria más que en las horas. Y si la dificultad para desconectar forma parte de un patrón más antiguo de distracción, inquietud o impulsividad, el cuestionario ASRS-v1.1 de cribado del TDAH en adultos, gratuito (18 preguntas, unos 10 minutos), puede ayudarte. Un test de cribado no es un diagnóstico, pero puede ayudarte a iniciar la conversación con un profesional.

Fuente: Gong T, Frans E, Ohlis A, Yao S, Zhang R, Nilsson A, Molero Y, Mosing MA, Brikell I, Larsson H, Lichtenstein P, Thorell LB, Magnusson PKE, Kuja-Halkola R, Lu Y (Karolinska Institutet, Suecia). Recreational screen use and internalizing problems from preadolescence to young adulthood in a longitudinal twin cohort with co-twin comparison. Nature Human Behaviour, publicado en línea el 8 de octubre de 2026, DOI 10.1038/s41562-026-02607-0 (acceso abierto). Cohorte longitudinal con diseño de control con el cogemelo: 21.797 gemelos de la Child and Adolescent Twin Study in Sweden (CATSS), encuestados a los 9, 15, 18 y 24 años y vinculados a los registros nacionales de pacientes y de recetas. Contexto: Orben A, Przybylski AK. The association between adolescent well-being and digital technology use. Nature Human Behaviour 3:173-182 (2019), DOI 10.1038/s41562-018-0506-1 (análisis de curva de especificación en tres bases de datos, 355.358 adolescentes).

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