Un post ampliamente compartido afirma que hace 100.000 años las comunidades prehistóricas de cazadores-recolectores "valoraban" los rasgos autistas, que el arte rupestre demuestra que artistas autistas moldearon la cultura humana temprana, y que por eso los genes ligados al autismo persistieron. Cita a arqueólogos reales. Entonces, ¿qué dice realmente la investigación?
La investigación real detrás de la afirmación
La fuente principal es un artículo real: Spikins, Wright y Hodgson (2016), publicado en la revista Time and Mind. Los autores, arqueólogos de la Universidad de York, proponen que hace unos 100.000 años un cambio hacia lo que llaman "moralidad colaborativa", una estructura social más cooperativa y orientada al grupo, cambió la forma en que las bandas de cazadores-recolectores trataban a las personas cuya cognición no encajaba con la norma social.
Su argumento: alguien con una memoria excepcional, atención intensa al detalle o una fuerte comprensión de los patrones del comportamiento animal o los ciclos vegetales habría sido genuinamente útil para la supervivencia de un pequeño grupo, en el rastreo, la recolección o la fabricación de herramientas, incluso si esa misma persona tenía dificultades con la interacción social cotidiana. En una estructura social más flexible y cooperativa, ese tipo de variación cognitiva podía integrarse como un rol especializado en lugar de ser excluido.
Dónde el post viral exagera
Esta es una hipótesis real, publicada y revisada por pares, no una prueba de lo que realmente ocurrió hace 100.000 años. Varias cosas que el post presenta como hechos establecidos no lo son:
- No se puede diagnosticar el autismo a partir de huesos. No existe ningún marcador esquelético o genético que identifique el autismo en restos prehistóricos. Esta es una hipótesis conductual y social sobre la estructura de los grupos, no un diagnóstico de individuos antiguos específicos.
- El arte rupestre no puede atribuirse a artistas autistas. La propia Spikins, en los materiales de prensa de la Universidad de York sobre esta investigación, fue explícita: "no se puede decir qué parte de ello fue dibujado por alguien autista, pero hay rasgos identificables." Esa es una afirmación mucho más cautelosa que la declaración segura del post de que las pinturas "coinciden con el estilo de procesamiento visual local comúnmente encontrado en artistas autistas."
- No hay ningún estudio genético detrás de la afirmación de "los genes persistieron". No se cita ningún análisis de ADN antiguo ni estudio de selección, porque no existe ninguno que muestre que variantes genéticas específicamente asociadas al autismo fueron seleccionadas positivamente por este cambio social. La hipótesis trata sobre la integración social, no sobre la genética.
Lo que esto significa
Al quitar la exageración, queda algo genuinamente interesante: una hipótesis arqueológica seria y publicada de que los grupos humanos se han beneficiado durante mucho tiempo de la diversidad cognitiva, y de que rasgos asociados al autismo (atención intensa al detalle, memoria excepcional, fuerte reconocimiento de patrones) pudieron tener un valor real y específico en comunidades pequeñas y cooperativas. Esa es una afirmación notablemente distinta de "la ciencia demostró que el autismo moldeó la evolución hace 100.000 años", pero sigue siendo genuinamente validante: sugiere que los estilos cognitivos neurodivergentes no son una desviación moderna de alguna norma ancestral, sino una de varias formas en que la cognición humana ha variado durante muchísimo tiempo.
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Fuentes: Spikins, Wright & Hodgson (2016), Time and Mind 9(4):289-313, "Are There Alternative Adaptive Strategies to Human Pro-Sociality? The Role of Collaborative Morality in the Emergence of Personality Variation and Autistic Traits"; Universidad de York, "Autism and human evolutionary success" (noticias de investigación 2016).
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